UNA CORRECTA CONSERVACIÓN EVITA PÉRDIDAS DE HASTA EL 40%

Ante la presencia de un clima variable, especialistas del INTA, explican cómo ser eficientes más allá de los imprevistos.


amanecer rural

Pocas cosas varían tanto como el clima. Los excesos y déficit hídricos, a menudo coinciden en una misma campaña, requieren que los productores sean flexibles para adaptarse al cambio y modifiquen sus estrategias según el contexto. Para Marcelo de León, especialista del INTA Manfredi, la alta variabilidad climática plantea un nuevo escenario que exige un uso eficiente y planificado de los forrajes. Un mal manejo en la conservación puede generar pérdidas de hasta un 40% de la biomasa.
De acuerdo con De León, todos los forrajes son potencialmente conservables, aunque advirtió que hacerlo es una tarea compleja debido a que un mal manejo puede generar grandes pérdidas. 
En esta línea, De León explicó que la conservación es una herramienta que permite complementar a los sistemas pastoriles y, ante eventos climáticos adversos, mejorar la situación. “Así, la empresa ganadera tendrá mayor estabilidad y seguridad, al tiempo que reduce drásticamente los riesgos e imprevistos”.
Pero es “fundamental” planificar la utilización de los forrajes, lo que implica cuantificar el consumo requerido –de acuerdo a la carga animal y la respuesta individual– y prever el modo de afrontar esas necesidades. Aún así, se requerirá de un monitoreo permanente para poder realizar ajustes y adecuar la oferta a los requerimientos nutricionales de los animales.
“Si el ganadero proyecta, el riesgo se minimiza”, aseguró el técnico del INTA. Asimismo, destacó la importancia de capacitarse para evitar errores y aplicar tecnologías para una ganadería de precisión, ya que permiten aumentar la producción, mejorar la eficiencia productiva y contribuir a la sustentabilidad.
Una vez realizada la correcta planificación, el primer paso para intensificar la actividad ganadera es generar la mayor cantidad y calidad de forraje posible. “Con el uso apropiado de las tecnologías disponibles, el ganadero debe convertirse en un buen productor de pasto”, aseguró De León quien agregó: la calidad nutricional y el rendimiento de la materia seca dependerán de las tecnologías aplicadas durante todo el proceso –elección del germoplasma, siembra, picado y almacenaje–. 
Para evitar limitantes en la ganancia de peso en los sistemas de invernada sobre una base pastoril, el técnico recomendó suplementar con granos forrajeros, por tratarse de concentrados energéticos que permiten que la carga animal pueda mantener la productividad por unidad de superficie. “Las mayores eficiencias de conversión se dan cuando el aporte de la pastura es restrictivo y con niveles de grano relativamente bajos”, aseguró.
Y aclaró que si bien esta práctica es frecuente, sus resultados son variables, ya que dependen de la interacción entre las pasturas, los animales y los suplementos. “Aunque los animales jóvenes tendrán una mejor eficiencia de transformación de grano en carne, muchas veces conviene suplementar a los animales grandes para dar el grado de terminación necesario para su venta y sacar del sistema una categoría de alta demanda”.

Pasar el invierno
Tanto la variación estacional como la climática influyen directamente en la oferta forrajera, ya sea con excesos con su consecuente pérdida de calidad o deficiencias que restringen el aporte de nutrientes. En ambos casos el resultado es una menor respuesta animal.
Los ensilajes más adaptables a las diversas condiciones y regiones agroecológicas del país son los cultivos clásicos de verano como el maíz y el sorgo, aunque también se pueden utilizar otros como la moha, la alfalfa o las gramíneas templadas, los verdeos invernales –trigo, cebada, centeno, triticale y avena– y hasta la soja y el girasol. “Esta amplia variedad de opciones permite que siempre haya una alternativa para mitigar las dificultades climáticas coyunturales”, afirmó De León.
 



Fuente: Ing Marcelo de León, especialista del INTA Manfredi