El INTA frente a un desarme histórico: se efectivizaron 757 retiros voluntarios para recortar el 20% de su estructura.

Con el aval del Palacio de Hacienda, el organismo tecnológico avanza hacia una drástica reducción que busca estabilizar su planta en 4.500 operarios. Pérdida de cuadros directivos, alerta en las agencias de extensión rural y los detalles detrás de la letra chica que encendió la polémica gremial.


amanecer rural

El plan de reestructuración y optimización de recursos que el Poder Ejecutivo Nacional viene implementando sobre la administración pública acaba de asestar un golpe definitivo en el corazón técnico del campo argentino. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), históricamente considerado el faro de la investigación y la transferencia de conocimiento en el territorio, atraviesa un proceso de achique sin precedentes modernos.Bajo la conducción de su actual presidente, Nicolás Bronzovich, y con el financiamiento directo provisto por el Ministerio de Economía a cargo de Luis Caputo, el programa de retiros voluntarios marcó un punto de inflexión legal. Una nueva tanda de 380 agentes estatales dejó formalmente de prestar servicios en la institución, elevando el número de bajas efectivas a un total acumulado de 757 desvinculaciones en las distintas regionales del país.La meta final de las autoridades no admite dobles lecturas: reducir en un 20% la planta global del personal técnico y administrativo. Al inicio de esta gestión, el organismo contaba con una masa de 5.750 trabajadores distribuidos en el mapa nacional; el objetivo oficial es consolidar un techo definitivo de 4.500 empleados. Para viabilizar este achique, Economía fijó un cupo máximo de 1.200 vacantes bajo esta modalidad, una cifra hacia la cual se avanza velozmente mientras el Consejo Directivo evalúa contrarreloj otros 150 expedientes que se encuentran bajo revisión.

El mapa del impacto territorial: desarmando los equipos de campo
Lejos de las oficinas de Buenos Aires, el verdadero pulso de esta reforma se siente en las Agencias de Extensión Rural (AER) y las Estaciones Experimentales Agropecuarias (EEA), los eslabones que conectan directamente al científico con el productor en la base de la pirámide productiva. Si bien las autoridades aún no han brindado un desglose oficial debido a la velocidad de las bajas, los primeros datos del mapa bonaerense exponen con claridad el desmantelamiento de los equipos regionales.
Un caso emblemático se registra en la localidad de Rauch, donde la oficina de campo local confirmó la salida simultánea de ocho de sus integrantes bajo esta modalidad voluntaria. Sin embargo, la mayor señal de alarma sectorial se encendió en el norte de la provincia de Buenos Aires, específicamente en la EEA San Pedro, un nodo estratégico clave para el desarrollo frutícola, hortícola y agroindustrial del corredor del Río Paraná. Allí se oficializaron nueve retiros, con un agravante institucional de peso: la nómina incluyó a la propia directora de la estación, la ingeniera agrónoma Laura Hansen.Esta desvinculación a nivel directivo evidencia que el ajuste afecta tanto a las bases operativas como a las capacidades de gestión acumuladas, con un impacto silencioso pero significativo en la región pampeana, NOA y Patagonia en áreas críticas de investigación, sanidad y desarrollo técnico.



Fuente: TN Campo







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