03/07/2026. INTERNACIONALES. Mercados

China y Estados Unidos acordaron esta semana avanzar en un mecanismo recíproco para reducir aranceles sobre productos agrícolas, una decisión que vuelve a poner a la soja en el centro de la negociación comercial entre las dos mayores economías del mundo. El entendimiento fue informado por el Ministerio de Comercio chino tras una llamada entre el canciller Wang Yi y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y resulta clave porque podría reactivar compras millonarias de granos estadounidenses en un mercado todavía condicionado por aranceles elevados e incertidumbre política.
El acercamiento llega en un momento sensible para el comercio agrícola global. Según lo comunicado por Beijing, ambos países buscan ampliar las áreas de cooperación, reducir los puntos de divergencia y gestionar los riesgos para preservar la tregua comercial firmada el año pasado. En ese marco, el comercio agropecuario aparece como una de las piezas centrales de la negociación, tanto por su peso económico como por su impacto directo sobre productores, exportadores y procesadores.
La soja vuelve a ocupar un lugar estratégico
El portavoz del Ministerio de Comercio chino, He Yadong, señaló que China y Estados Unidos se fijaron como objetivo general expandir el comercio agrícola bilateral. Sin embargo, aclaró que las compras serán realizadas por las empresas de acuerdo con las condiciones del mercado y la demanda, un punto relevante para entender por qué los compromisos políticos todavía no se traducen en operaciones de gran volumen.
La soja es el producto que concentra la mayor expectativa. La Casa Blanca informó la semana pasada que China se comprometió a comprar al menos 25 millones de toneladas de soja estadounidense por año hasta 2028, además de adquirir US$ 17.000 millones anuales en productos agrícolas de Estados Unidos durante 2026, 2027 y 2028. De cumplirse, el acuerdo podría modificar el flujo internacional de granos y mejorar la posición comercial de los exportadores estadounidenses.
Aun así, el mercado mantiene cautela. Según Bloomberg, los compromisos asumidos hasta ahora por compradores chinos alcanzan apenas 200.000 toneladas de grano para la campaña comercial que comienza en septiembre, una cifra muy distante de las metas anunciadas. La diferencia entre los objetivos oficiales y las compras efectivas muestra que la normalización comercial todavía enfrenta obstáculos concretos.
Aranceles altos e incertidumbre frenan las compras
Entre los principales factores que limitan el avance de las operaciones se encuentran los aranceles todavía elevados sobre productos estadounidenses y la falta de certezas sobre la continuidad política del acuerdo. Esa combinación mantiene a buena parte de las empresas procesadoras privadas chinas prácticamente fuera del mercado, pese al discurso de acercamiento entre ambos gobiernos.
Para Washington, una reducción arancelaria permitiría recuperar competitividad en el mercado chino, históricamente uno de los principales destinos para la soja estadounidense. Para Beijing, en cambio, el margen de negociación aparece ligado a la necesidad de garantizar abastecimiento, administrar costos internos y preservar un equilibrio diplomático con Estados Unidos sin comprometer por completo la autonomía de sus compradores.
El resultado de esta negociación será observado de cerca por el mercado internacional de granos. Si las compras chinas avanzan al ritmo prometido, la demanda de soja estadounidense podría recuperar volumen y alterar la competencia con otros grandes proveedores agrícolas. Pero si los aranceles y la incertidumbre persisten, el acuerdo corre el riesgo de quedar limitado a una declaración política con bajo impacto comercial.
