04/09/2026. INTERNACIONALES.

Estados Unidos sorprendió este 4 de septiembre de 2026 con la creación de 162.000 empleos no agrícolas durante agosto, mientras la tasa de desempleo se mantuvo en 4,1%, según informó la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). El resultado superó ampliamente las expectativas y vuelve a poner a la Reserva Federal (Fed) bajo la lupa. Para el agro de América Latina, desde Brasil y Argentina hasta Paraguay, Uruguay, México y Colombia, el dato importa porque puede modificar las expectativas sobre las tasas estadounidenses y generar movimientos en el dólar, los precios internacionales de los granos, el crédito y los flujos de capital hacia los mercados emergentes.
El mercado esperaba una cifra mucho más débil. Economistas consultados por Reuters proyectaban una creación de apenas 56.000 puestos, con pronósticos que iban desde una pérdida de 25.000 hasta una ganancia de 121.000. El registro de agosto quedó así incluso por encima de la previsión más optimista. Además, el BLS revisó julio hasta una suba de 21.000 empleos, frente a la caída de 23.000 informada inicialmente. La fotografía que deja el reporte es relevante: la mayor economía del mundo conserva más fortaleza de la prevista, una señal positiva para la actividad, pero potencialmente incómoda para quienes esperaban una política monetaria menos restrictiva.
La conexión con el campo latinoamericano pasa principalmente por la Fed. Un mercado laboral estadounidense sólido puede sostener el consumo y la economía, pero también mantener presiones que dificulten el descenso de la inflación. Antes del informe, los mercados asignaban cerca de 52% de probabilidad a una suba de tasas en la reunión de la Fed del 15 y 16 de septiembre, frente al 63,2% registrado el miércoles, según datos de CME FedWatch citados por Reuters. La sorpresa laboral vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de tasas altas durante más tiempo.
Para los productores latinoamericanos, esa discusión tiene consecuencias concretas. Tasas estadounidenses elevadas suelen favorecer rendimientos financieros en dólares y pueden fortalecer a la moneda norteamericana frente a otras divisas. Al mismo tiempo, condiciones financieras internacionales más restrictivas pueden aumentar el costo del crédito y reducir el apetito por activos de mercados emergentes. Soja, maíz, trigo, café, azúcar, algodón y otros commodities agrícolas quedan expuestos a esa combinación entre dólar, tasas, demanda global y posicionamiento de los fondos.
(Variación mensual desestacionalizada. Excluye empleos agrícolas. Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics)
| Mes | Año | Variación de empleos |
|---|---|---|
| Julio | 2025 | +64.000 |
| Agosto | 2025 | -70.000 |
| Septiembre | 2025 | +76.000 |
| Octubre | 2025 | -140.000 |
| Noviembre | 2025 | +40.000 |
| Diciembre | 2025 | -18.000 |
| Enero | 2026 | +160.000 |
| Febrero | 2026 | -157.000 |
| Marzo | 2026 | +213.000 |
| Abril | 2026 | +148.000 |
| Mayo | 2026 | +63.000 |
| Junio | 2026 | +30.000 |
| Julio | 2026 | +20.000 (revisado a +21.000) |
| Agosto | 2026 | +162.000 |
La reacción del dólar será especialmente importante para Brasil y Argentina, dos de los mayores exportadores mundiales de soja y maíz, pero también para economías agrícolas como Paraguay y Uruguay. Una moneda estadounidense más fuerte puede presionar las cotizaciones internacionales expresadas en dólares, aunque para productores que reciben dólares por sus exportaciones el efecto en moneda local dependerá del comportamiento de cada tipo de cambio. Por eso, un mismo movimiento de la Fed puede tener consecuencias diferentes sobre los márgenes agrícolas de cada país latinoamericano.
También está el frente de los insumos. Fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, repuestos, energía y tecnología agrícola tienen una importante exposición directa o indirecta al dólar. Para establecimientos que presupuestan sus campañas en hectáreas, toneladas y kilogramos por hectárea, una apreciación de la divisa estadounidense puede alterar rápidamente las relaciones insumo-producto. El impacto final dependerá de cada mercado cambiario, pero una combinación de dólar firme, tasas altas y commodities bajo presión puede estrechar los márgenes productivos.
Reuters señaló además que la desaceleración previa del empleo estadounidense había estado vinculada parcialmente con el shock de los precios del petróleo y las tensiones en las cadenas de suministro. Son dos variables que el agro regional tampoco puede ignorar. El petróleo influye sobre el costo del diésel, los fletes y parte de la estructura productiva de los fertilizantes, mientras que los problemas logísticos pueden encarecer maquinaria, componentes e insumos importados.
El mercado financiero estadounidense ya refleja parte de esas tensiones. De acuerdo con Reuters, los mayores rendimientos de los bonos del Tesoro llevaron la tasa hipotecaria fija a 30 años hasta 6,71%, el nivel más alto en más de un año, según Freddie Mac. Aunque ese indicador pertenece al mercado inmobiliario estadounidense, funciona como una señal de la magnitud del encarecimiento financiero. Si la Fed mantiene una política restrictiva, el efecto puede extenderse hacia el costo global del capital y terminar llegando también al financiamiento del agronegocio latinoamericano.
Para el agro regional, por lo tanto, los 162.000 nuevos empleos de Estados Unidos son mucho más que un dato laboral. La cifra puede alterar expectativas sobre la Fed, fortalecer al dólar y generar nuevas señales para los commodities y los mercados emergentes. En las próximas semanas, productores, exportadores y empresas agrícolas deberán seguir especialmente la decisión de tasas de la Fed, el dólar, los rendimientos de los bonos estadounidenses y la reacción de soja, maíz y trigo. En un mercado global conectado, una sorpresa laboral en Washington puede terminar modificando los números de una campaña a miles de kilómetros de distancia.