11/09/2026. INTERNACIONALES.

La expansión de los biocombustibles en Brasil podría fortalecer durante los próximos años la competitividad de su producción de carne bovina, porcina y aviar, al generar una mayor disponibilidad de ingredientes destinados a la alimentación animal. La proyección surge de un análisis de RaboResearch, que identifica una transformación asociada al crecimiento del etanol de maíz y el biodiésel, el aumento de la productividad agrícola y una mayor industrialización de los granos dentro del país. El fenómeno importa porque el alimento representa uno de los principales componentes del costo de producción de las proteínas animales y cualquier ampliación de las alternativas disponibles puede modificar la ecuación del sector.
La relación entre energía y ganadería aparece principalmente en los coproductos generados durante la transformación industrial de los granos. A medida que aumenta la utilización de maíz para fabricar etanol, también crece la disponibilidad de DDGS, granos secos de destilería con solubles, un ingrediente que puede incorporarse a las dietas animales. El desarrollo de esta industria permite que una parte del grano tenga más de un destino económico: primero participa del proceso energético y luego determinados componentes resultantes pueden regresar a la cadena agropecuaria como alimento.
Brasil parte además de una estructura agrícola capaz de suministrar grandes cantidades de materias primas a diferentes cadenas. Según el informe, la combinación entre mayor productividad agrícola, expansión de los biocombustibles y procesamiento doméstico de granos está ampliando y diversificando el conjunto de ingredientes disponibles para fabricar alimento animal. El cambio puede resultar particularmente relevante para las cadenas de pollo y cerdo, altamente dependientes de las raciones, pero también para sistemas bovinos que utilizan suplementación y alimentación intensiva.
Durante décadas, la formulación de alimentos balanceados en Brasil estuvo apoyada principalmente sobre dos materias primas: maíz y harina de soja. Esa estructura continúa siendo fundamental, pero comienza a convivir con una oferta más amplia de ingredientes. Los DDGS derivados de la producción de etanol y el sorgo aparecen entre las alternativas que pueden adquirir mayor participación a medida que aumente su disponibilidad y resulte conveniente incorporarlos a las formulaciones.
Los DDGS constituyen uno de los vínculos más directos entre el crecimiento de la industria del etanol de maíz y la producción pecuaria. Su generación aumenta junto con el procesamiento del cereal para obtener combustible, creando un flujo adicional de materia prima para la nutrición animal. La expansión energética puede así generar un coproducto aprovechable por otra industria agropecuaria, integrando actividades que tradicionalmente eran analizadas como mercados separados.
Esa integración tiene una dimensión económica relevante. El alimento concentra una porción significativa de los gastos en sistemas de producción de proteínas animales, por lo que disponer de diferentes materias primas permite ampliar las opciones de formulación. Esto no significa que los coproductos sustituyan automáticamente al maíz o a la harina de soja ni garantiza una reducción determinada de costos, pero sí ofrece a la industria una mayor diversidad de ingredientes con los cuales administrar las raciones según disponibilidad, precio y requerimientos nutricionales.
El sorgo suma otra alternativa dentro de ese proceso. Su incorporación amplía el abanico de granos que pueden destinarse a la alimentación animal y reduce la dependencia exclusiva de las materias primas tradicionales. Para un país con cadenas pecuarias de gran escala, disponer de una base diversificada puede aportar flexibilidad frente a variaciones de cosechas, precios relativos y demanda de los distintos sectores consumidores de granos.
Detrás del fenómeno aparece un cambio más profundo: una mayor transformación de la producción agrícola dentro de Brasil. En lugar de que toda la expansión de granos se traduca únicamente en mayores volúmenes de materia prima disponible para consumo directo o exportación, una parte creciente puede atravesar procesos industriales capaces de generar energía, coproductos para alimentación y mayor integración entre cadenas.
Ese modelo multiplica los destinos posibles de una misma cosecha. El maíz puede abastecer mercados tradicionales y, al mismo tiempo, ingresar a plantas de etanol que generan combustible y DDGS. La disponibilidad de estos últimos abre posteriormente una nueva etapa dentro de la cadena, cuando son utilizados como ingrediente para producir carne. Agricultura, bioenergía y proteína animal pasan así a compartir una misma estructura de materias primas, con impactos potenciales sobre costos y competitividad.
La oportunidad adquiere mayor importancia por la escala de las industrias brasileñas de carne bovina, porcina y aviar. Para sostener grandes volúmenes productivos, el país necesita una oferta igualmente amplia de alimentos para animales. Si el crecimiento de los biocombustibles incrementa de manera sostenida la disponibilidad de coproductos, las cadenas pecuarias podrían disponer de nuevas herramientas para formular sus dietas y administrar uno de sus principales componentes de gasto.
El análisis no implica que el avance del etanol de maíz vaya a traducirse automáticamente en carne más barata. El efecto dependerá de variables como el precio de los granos, el valor de los coproductos, su disponibilidad regional, los costos logísticos y la capacidad de utilizarlos eficientemente en cada sistema productivo. La ventaja potencial reside principalmente en aumentar las alternativas y profundizar la integración entre industrias que comparten una misma base agrícola.
A medida que Brasil procese una mayor proporción de sus granos dentro de sus fronteras, el crecimiento de los biocombustibles podría dejar de medirse únicamente por los litros de etanol o biodiésel producidos. La disponibilidad de DDGS y otros ingredientes para alimentación animal será otro indicador del impacto de esa expansión, especialmente para las regiones donde las plantas de biocombustibles y los grandes polos pecuarios puedan integrarse mediante cadenas logísticas competitivas.