23/09/2026. INTERNACIONALES. Brasil

Brasil considera alejado, por ahora, el riesgo de quedarse sin fertilizantes durante la campaña agrícola 2026/27, una preocupación que había aumentado por las tensiones geopolíticas y la elevada dependencia de proveedores extranjeros. El ministro de Agricultura y Ganadería, André de Paula, aseguró este martes 22 de septiembre, durante el Congreso Brasileño del Algodón en Belo Horizonte, que las medidas adoptadas para diversificar proveedores, acelerar las importaciones y recuperar producción nacional permiten prever un abastecimiento suficiente.
La vulnerabilidad, sin embargo, continúa siendo considerable. Según las cifras presentadas por el ministro, Brasil importa más del 90% de los fertilizantes que consume, mientras estos insumos representan más del 25% de los costos de los cultivos agrícolas. La combinación convierte cualquier alteración del comercio internacional, los fletes o la disponibilidad de materias primas en un factor capaz de trasladarse rápidamente a los márgenes de los productores.
Una de las principales respuestas fue la búsqueda de nuevas garantías para los fertilizantes fosfatados. Tras una misión realizada en Marruecos, Brasil avanzó con un memorando de entendimiento que establece como referencia un volumen objetivo de 3,8 millones de toneladas de fosfatados para 2026/27. La cantidad cubriría alrededor del 76% del déficit de 5 millones de toneladas que el Gobierno proyecta para la próxima campaña.
El acuerdo todavía no representa una compra cerrada. Se trata de un entendimiento previo y las operaciones efectivas dependerán de las condiciones comerciales que acuerden proveedores y operadores brasileños. Aun así, el volumen comprometido como referencia permitió al Ministerio de Agricultura sostener que el escenario de una eventual falta de producto perdió fuerza para el nuevo ciclo agrícola.
La logística constituye el siguiente desafío. El Gobierno trabaja con las autoridades portuarias para otorgar prioridad a embarcaciones cargadas con fertilizantes durante el comienzo de la campaña. La intención es evitar que la congestión de buques en los principales terminales termine retrasando la llegada de insumos justamente cuando aumenta la demanda de los productores para las tareas de siembra y fertilización.
El movimiento resulta especialmente relevante por la escala agrícola brasileña. La fuerte dependencia externa obliga a coordinar compras, transporte marítimo, descarga y distribución terrestre dentro de ventanas relativamente ajustadas. Asegurar toneladas en el exterior no elimina, por lo tanto, el riesgo logístico: el fertilizante necesita llegar a las regiones productivas en tiempo y a costos compatibles con los márgenes de cada cultivo.
Al mismo tiempo, Brasil intenta recuperar parte de la fabricación doméstica de fertilizantes nitrogenados. Plantas ubicadas en Bahía y Sergipe retomaron operaciones entre fines de 2025 y comienzos de 2026, mientras otra unidad industrial de Paraná volvió a producir urea durante este año. De acuerdo con las estimaciones difundidas, las tres instalaciones podrían abastecer aproximadamente 20% del mercado brasileño de urea.
La expansión de la producción nacional podría continuar durante los próximos años con nuevos proyectos industriales. Sin embargo, existe una diferencia importante entre los plazos mencionados durante el encuentro y los cronogramas empresariales: mientras el ministro hizo referencia a una posible finalización de una nueva planta hacia mediados de 2027, la previsión actualmente informada para su entrada en operación comercial es 2029.
Con esa instalación funcionando, la producción vinculada a esas unidades podría alcanzar aproximadamente 35% del mercado nacional de urea. El avance reduciría parte de la exposición externa brasileña en nitrogenados, aunque todavía dejaría al país dependiendo ampliamente de importaciones para abastecer una agricultura que se encuentra entre las mayores consumidoras de fertilizantes del mundo.
Para los productores, además, disponibilidad no significa necesariamente precios bajos. Durante el Congreso Brasileño del Algodón, representantes del sector señalaron a los fertilizantes, diesel, fletes, tasas de interés y costo del capital entre los principales componentes que pueden presionar la rentabilidad durante la próxima campaña. Las tensiones comerciales y geopolíticas agregan incertidumbre sobre los valores futuros de esos insumos.
El Gobierno también indicó que actualmente no observa una amenaza concreta de falta de diesel para el agro, aunque mantiene el seguimiento de los mercados internacionales. Así, Brasil llega a la campaña 2026/27 con mejores perspectivas físicas de abastecimiento de fertilizantes, pero todavía con una exposición considerable a precios internacionales, logística portuaria y costos financieros que pueden terminar definiendo cuánto pagará finalmente el productor por asegurar los nutrientes de la próxima cosecha.