05/11/2026. INTERNACIONALES. Brasil

Brasil enfrenta dificultades crecientes para abastecerse de materias primas destinadas a la fabricación de fertilizantes, una situación que amenaza con reducir la disponibilidad de nutrientes para sus próximas campañas agrícolas. Este jueves 5 de noviembre, representantes de la industria advirtieron que la escasez de fósforo y las restricciones en el suministro de azufre están afectando la actividad de las plantas nacionales, mientras los inventarios podrían alcanzar niveles históricamente bajos. El problema preocupa especialmente por la dependencia brasileña de las importaciones y por el peso que tiene la fertilización en los costos y rendimientos de sus principales cultivos.
Uno de los indicadores más preocupantes es la caída del 50 % en las importaciones de azufre, una materia prima utilizada en los procesos industriales de producción de fertilizantes fosfatados. De acuerdo con las estimaciones expuestas durante un encuentro sectorial realizado en São Paulo, esta reducción podría traducirse en una contracción superior al 50 % en determinados segmentos de fabricación nacional. La falta de insumos ya provocó interrupciones de actividades industriales y alimenta las previsiones de que Brasil cierre el período con los menores inventarios de transición de su historia, aunque no se difundieron volúmenes concretos de existencias.
La escasez afecta a una industria que depende del abastecimiento externo para responder a la demanda del sector agrícola. Los fertilizantes fosfatados aportan fósforo, un nutriente esencial para el desarrollo de las raíces, el crecimiento de las plantas y distintos procesos metabólicos. Su disponibilidad es especialmente relevante en sistemas productivos intensivos, donde la extracción de nutrientes durante las cosechas exige una reposición adecuada. Una reducción de las dosis de fertilización no implica necesariamente menores rendimientos en todos los lotes, pero puede comprometer el potencial productivo cuando el suelo no dispone de reservas suficientes.
La situación brasileña está vinculada con las restricciones comerciales y logísticas provocadas por los conflictos en Europa oriental y Oriente Medio. El Golfo Pérsico concentra alrededor del 50 % de las exportaciones mundiales de azufre, el 36 % de las de urea y el 29 % de las de amoníaco, tres insumos fundamentales para la industria de fertilizantes. Esta dependencia de una región geográficamente concentrada aumenta la exposición de los países importadores a las interrupciones del transporte marítimo y al encarecimiento de las rutas comerciales.
Un análisis sectorial presentado en São Paulo señaló que el cierre del Estrecho de Ormuz en marzo de 2026 interrumpió el movimiento del 35 % de las cargas mundiales de urea, el 27 % de las de amoníaco y el 45 % de las de azufre. La situación coincidió con cotizaciones del petróleo superiores a US$ 100 por barril, lo que incrementó los gastos de transporte y fabricación. Las alternativas para trasladar mercadería por otras rutas implican costos mayores, que pueden trasladarse progresivamente al precio de los fertilizantes utilizados por los productores.
Las perspectivas de recuperación tampoco son inmediatas. Aunque existen proyectos para ampliar la capacidad de fabricación de fertilizantes en distintas regiones hasta 2030, las estimaciones indican que la oferta podría continuar por debajo de los niveles anteriores a las interrupciones. Para la urea, incluso con nuevas instalaciones industriales, el volumen previsto sería un 21 % inferior al nivel previo al conflicto en el Golfo Pérsico. Esto plantea dificultades para los países que necesitan importar grandes cantidades de nutrientes y que cuentan con escaso margen para sustituir proveedores.
Brasil se encuentra entre los mercados más expuestos a estas alteraciones comerciales y figura como el tercer principal destino de los fertilizantes exportados desde el Golfo Pérsico. Durante la campaña 2025-2026, China, Rusia y Canadá encabezaron el abastecimiento de componentes utilizados en mezclas NPK. China pasó a ocupar el primer lugar después de nueve temporadas de predominio ruso, una modificación en el origen de las compras que no elimina la dependencia brasileña del suministro internacional.
La industria anticipa que los agricultores brasileños aplicarán menos fertilizantes durante 2026, una decisión vinculada con los costos y las dificultades de abastecimiento. La reducción podría tener consecuencias diferentes según el cultivo, la fertilidad de los suelos y el historial de manejo de cada establecimiento. Entre los riesgos identificados aparecen menores rendimientos, modificaciones en las decisiones de siembra y una eventual presión sobre los precios de los alimentos si la disponibilidad de nutrientes termina afectando los volúmenes cosechados.
Frente a estas dificultades, el sector productivo evalúa alternativas para utilizar los insumos con mayor eficiencia, desde análisis de suelo y agricultura de precisión hasta el empleo complementario de bioinsumos y fertilizantes orgánicos. Sin embargo, estas herramientas no sustituyen automáticamente las necesidades de fósforo, nitrógeno y potasio de los cultivos. Al mismo tiempo, la industria reclama mejores condiciones de inversión, financiamiento y desarrollo minero para ampliar la producción nacional. Las reservas de fertilizantes previstas para el cambio de campaña se ubicarían en mínimos históricos, mientras persisten las restricciones internacionales que dificultan su reposición.