31/05/2026. NACIONALES.

El avance de nuevas regulaciones ambientales y comerciales en los mercados internacionales se ha convertido en uno de los principales desafíos para la agroindustria exportadora. Frente a ese escenario, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea aparece como una herramienta clave para reducir incertidumbres, fortalecer el acceso a los mercados y evitar que las exigencias regulatorias se transformen en barreras comerciales encubiertas.
La temática fue abordada durante el panel "Mitigando riesgos en la demanda internacional" del Congreso Maizar 2026, donde participaron funcionarios, dirigentes empresariales y referentes internacionales vinculados a la cadena del maíz.
El subsecretario de Mercados Agroalimentarios, Agustín Tejeda Rodríguez, describió un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas, conflictos bélicos, nuevas regulaciones ambientales y crecientes tendencias proteccionistas.
Según explicó, en este contexto la política comercial argentina debe enfocarse en reducir los riesgos vinculados a la demanda internacional y consolidar el acceso a mercados estratégicos.
Para ello, consideró que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea constituye una herramienta fundamental, ya que incorpora mecanismos destinados a evitar que las nuevas normativas europeas afecten injustificadamente el comercio entre ambos bloques.
Entre esos instrumentos destacó los capítulos vinculados al comercio y desarrollo sostenible, los mecanismos de reconocimiento de certificaciones ambientales y las instancias de diálogo técnico para resolver diferencias sanitarias, fitosanitarias y biotecnológicas.
Uno de los aspectos más valorados del acuerdo es el denominado mecanismo de rebalanceo.
Esta herramienta permitiría a los países del Mercosur reclamar compensaciones o renegociaciones si futuras regulaciones europeas terminan perjudicando las ventajas comerciales obtenidas mediante el tratado.
Tejeda Rodríguez explicó que este mecanismo podría activarse, por ejemplo, ante eventuales restricciones que afecten las exportaciones de biodiésel o de productos agrícolas vinculados a nuevas exigencias ambientales.
El funcionario también advirtió que la competitividad internacional no depende únicamente de las negociaciones comerciales, sino también de la capacidad de los países exportadores para cumplir con los estándares exigidos por los mercados.
Por ello, destacó la necesidad de fortalecer los controles sanitarios, fitosanitarios y de calidad para evitar rechazos de embarques que puedan afectar la reputación de toda la cadena exportadora.
Desde la visión empresarial, Manuel Ron, presidente de la organización internacional Maizall, remarcó la importancia de actuar de manera coordinada frente a las nuevas regulaciones globales.
La entidad reúne a productores de maíz de Argentina, Brasil y Estados Unidos, tres países que representan aproximadamente la mitad de la producción mundial del cereal y más del 75% de las exportaciones globales.
Ron explicó que una de las principales tareas de la organización consiste en dialogar directamente con importadores, gobiernos y actores de las cadenas agroalimentarias para evitar que prosperen regulaciones basadas en percepciones alejadas de la realidad productiva.
Según señaló, existe una necesidad creciente de comunicar cómo la biotecnología, la innovación y las prácticas modernas de manejo contribuyen a una producción más eficiente y sustentable.
Asimismo, destacó que Argentina todavía posee un amplio margen para agregar valor a su producción de maíz, ya que industrializa apenas una parte de lo que produce.
Uno de los planteos más contundentes llegó desde Brasil.
Paulo Bertolini, presidente de Abramilho, cuestionó duramente la forma en que algunos sectores europeos evalúan la sustentabilidad de la agricultura sudamericana.
El dirigente sostuvo que existe una visión alejada de los criterios científicos y basada en prejuicios que no reflejan la realidad productiva de países como Brasil y Argentina.
Bertolini recordó que Brasil mantiene una enorme superficie de vegetación nativa protegida y cuenta con una de las legislaciones ambientales más exigentes del mundo.
También defendió prácticas como la siembra directa y el uso de biotecnología, tecnologías que permiten producir más alimentos utilizando menos recursos y reduciendo el impacto ambiental.
Según afirmó, la denominada "política espejo", mediante la cual Europa intenta trasladar sus propias regulaciones a terceros países, desconoce las diferencias productivas, climáticas y ambientales existentes entre las distintas regiones del mundo.
El periodista y consultor francés Marc André aportó una mirada desde el otro lado del Atlántico.
Según explicó, buena parte del debate público europeo, especialmente en Francia, continúa condicionado por una visión simplificada y muchas veces distorsionada de la agricultura sudamericana.
Incendios en la Amazonia, uso de agroquímicos o sistemas productivos intensivos suelen concentrar la atención mediática, mientras que aspectos como la legislación ambiental, la innovación tecnológica o los sistemas de certificación reciben escasa difusión.
André sostuvo que sectores políticos y gremiales utilizan frecuentemente el acuerdo Mercosur-UE como herramienta de política interna para captar apoyos electorales, presentando a los productores sudamericanos como una amenaza para los agricultores europeos.
En ese sentido, consideró que los países del Mercosur deben asumir un papel más activo en la comunicación internacional para responder a esas narrativas y visibilizar sus avances en materia de sustentabilidad.
Pese a las dificultades, los participantes del panel coincidieron en que la implementación del acuerdo comercial puede convertirse en una oportunidad para reducir tensiones y construir confianza entre ambos bloques.
Tejeda Rodríguez señaló que durante sus recientes reuniones en Bruselas observó una actitud más abierta al diálogo por parte de funcionarios europeos y expresó su expectativa de que la puesta en marcha del tratado contribuya a demostrar que muchos de los temores planteados sobre la producción agropecuaria del Mercosur carecen de fundamento.
La posibilidad de avanzar en certificaciones reconocidas, mecanismos de control transparentes y canales permanentes de diálogo técnico aparece como una herramienta clave para desactivar conflictos futuros.
Las conclusiones del Congreso Maizar 2026 dejaron en claro que la mitigación de los riesgos comerciales exige una estrategia integral.
La defensa de los acuerdos internacionales, el cumplimiento de estándares técnicos cada vez más exigentes, la comunicación efectiva de los sistemas productivos y la coordinación regional entre los países exportadores serán factores determinantes para sostener la competitividad de las cadenas agroindustriales.
En un escenario global donde las barreras comerciales adoptan nuevas formas, el acuerdo Mercosur-Unión Europea se perfila como una herramienta estratégica no sólo para ampliar mercados, sino también para derribar prejuicios y posicionar a la producción sudamericana como parte de la solución a los desafíos alimentarios y ambientales del futuro.
