31/05/2026. NACIONALES.

La innovación como herramienta de gestión y crecimiento fue uno de los ejes centrales del Congreso Maizar 2026. A través de experiencias desarrolladas en Catamarca, Córdoba y Corrientes, tres empresas vinculadas a la producción y transformación del maíz mostraron cómo la incorporación de tecnología, la integración de actividades y la búsqueda constante de nuevas oportunidades permiten generar más valor, empleo y competitividad.
El panel "Management de la Innovación" reunió a Cristian Bartolucci, gerente general de Agropecuaria Mistol Ancho; Pablo Mussat, director de Full Corn; y Christian Jetter, gerente de COPRA SA, bajo la moderación de Peter Hyland, gerente general de Rusticana.
Desde Los Altos, en Catamarca, Agropecuaria Mistol Ancho presentó un modelo basado en la diversificación productiva y la integración de actividades.
La empresa administra más de 24.000 hectáreas entre agricultura, ganadería y conservación de bosque nativo, desarrollando además producción de semillas, pasturas, alfalfa y energía solar para autoconsumo.
Para Cristian Bartolucci, la innovación atraviesa toda la gestión empresarial y se expresa en tres dimensiones: eficiencia operativa, gestión del riesgo y captura de oportunidades.
Uno de los hitos más importantes fue la incorporación del riego a partir de 1997, cuando instalaron el primer equipo de la principal cuenca irrigada del norte argentino.
"Gran parte de nuestras actividades giran alrededor del riego", explicó.
Actualmente la empresa dispone de unas 5.000 hectáreas bajo riego y logró multiplicar por diez su facturación en la última década gracias a la expansión de sus actividades productivas.
Bartolucci destacó que el maíz ocupa un rol central dentro del esquema empresarial.
La compañía desarrolló una fuerte integración entre la producción de semillas híbridas y la ganadería intensiva a través de su feedlot Chañar Laguna, donde terminan unos 6.500 animales.
Los descartes de semillas y otros subproductos agrícolas son aprovechados dentro del sistema ganadero, generando circularidad y eficiencia.
Además, la aparición de la chicharrita y el complejo del spiroplasma abrió nuevas oportunidades para la producción de genética adaptada al norte argentino.
"Los materiales con sangre tropical mostraron una mejor respuesta frente al problema sanitario", señaló.
Actualmente producen unas 3.500 hectáreas de semillas de maíz bajo riego y avanzan en la construcción de una planta propia de procesamiento que buscará consolidar al NOA como polo semillero.
Otro ejemplo de innovación es la utilización de energía solar para bombear agua y almacenarla en una represa de 70.000 metros cúbicos, optimizando el uso de recursos energéticos y hídricos.
Desde Río Cuarto, Córdoba, Pablo Mussat presentó la experiencia de Full Corn, una empresa creada por tres familias productoras que decidieron avanzar hacia la industrialización del maíz.
El proyecto nació con una idea clara: transformar la producción primaria en alimentos con valor agregado.
Sin experiencia industrial previa, los socios comenzaron alquilando un molino y produciendo pequeños volúmenes mientras desarrollaban mercados y clientes.
Con el tiempo diseñaron su propia planta y lograron construir un esquema de procesamiento integrado.
Hoy Full Corn industrializa entre 300 y 400 toneladas mensuales de maíz, transformándolo en productos destinados al consumo humano.
El proceso incluye limpieza, clasificación, desgerminado y molienda para obtener distintos tipos de sémolas, polentas y productos destinados a la industria alimenticia.
Mussat explicó que la calidad de la materia prima es determinante para el negocio.
"No cualquier maíz sirve para consumo humano. Necesitamos materiales duros colorados, con características muy específicas", señaló.
Según explicó, apenas entre el 10% y el 15% del maíz producido en la región reúne las condiciones necesarias para estos procesos.
La empresa apunta ahora a una nueva etapa de crecimiento.
Entre sus objetivos figuran triplicar la capacidad de molienda hasta alcanzar las 1.200 toneladas mensuales y lograr que al menos la mitad de su producción se destine a mercados internacionales.
Las primeras exportaciones ya comenzaron con envíos hacia República Dominicana.
El tercer caso expuesto fue el de COPRA SA, una empresa correntina con más de cuatro décadas de trayectoria que desarrolló uno de los sistemas de integración productiva más importantes del país.
La firma administra más de 60.000 hectáreas y combina producción arrocera, agricultura y ganadería en un mismo esquema.
Christian Jetter explicó que la innovación permanente forma parte de la cultura empresarial.
"La innovación es prácticamente el aire que respiramos", afirmó.
La compañía produce entre 10.000 y 12.000 hectáreas de arroz, con una producción cercana a las 80.000 toneladas anuales, de las cuales exporta aproximadamente el 95%.
Además, maneja unas 40.000 cabezas de ganado dentro de un sistema de ciclo completo.
Jetter relató que incorporar el maíz fue un proceso complejo.
Durante años realizaron diferentes pruebas hasta encontrar un sistema eficiente de producción bajo riego.
Finalmente desarrollaron un esquema de riego por surco adaptado a las condiciones locales, incluso trabajando junto a fabricantes regionales para diseñar equipamiento específico.
La incorporación del maíz permitió potenciar significativamente la ganadería.
El cereal se convirtió en una herramienta clave para transformar subproductos del arroz en proteína animal y mejorar la eficiencia de todo el sistema productivo.
El potencial de crecimiento sigue siendo enorme.
Actualmente Corrientes importa alrededor del 80% del maíz que consume, principalmente desde Chaco y Entre Ríos.
Más allá de las diferencias entre los modelos presentados, los tres casos compartieron un mismo denominador común: la capacidad de innovar para generar valor.
Ya sea mediante la producción de semillas, la industrialización de alimentos, la integración agrícola-ganadera o el aprovechamiento eficiente de recursos naturales, las experiencias demostraron que la innovación no depende exclusivamente de grandes presupuestos, sino de una estrategia clara y una visión de largo plazo.
Las historias de Mistol Ancho, Full Corn y COPRA reflejan cómo el maíz puede convertirse en el punto de partida para desarrollar cadenas productivas más complejas, diversificadas y sostenibles, capaces de generar empleo, arraigo e inversiones en distintas regiones del país.
En un contexto donde la agregación de valor aparece como uno de los grandes desafíos de la agroindustria argentina, estos tres modelos muestran que existen caminos concretos para transformar producción primaria en desarrollo económico y oportunidades de crecimiento.
