02/10/2026. INTERNACIONALES. Bolivia

Bolivia llega este 1° de octubre, Día Internacional del Café, con una actividad que conserva su corazón productivo en La Paz pero comienza a extenderse hacia nuevas regiones del país. Los Yungas y Caranavi continúan dominando ampliamente la caficultura nacional, mientras Santa Cruz aumenta su superficie, Cochabamba sostiene producciones en el trópico y aparecen experiencias de menor escala en otros departamentos. Al mismo tiempo, las exportaciones superaron US$17 millones en 2025, mostrando una mejora del valor generado por un sector que apuesta principalmente por calidad y diferenciación.
La concentración territorial todavía es contundente. De las más de 25.000 hectáreas de café cultivadas en Bolivia en 2023, alrededor del 96% estaban localizadas en La Paz, según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). Santa Cruz representaba aproximadamente el 2,5%, mientras Cochabamba, Beni, Pando y Tarija se repartían una porción mucho menor de la superficie restante.
Ese año, la producción nacional superó 23.600 toneladas, con un rendimiento promedio cercano a 920 kilos por hectárea. Dentro de ese mapa, los Yungas y Caranavi mantienen una posición difícil de disputar: sus condiciones de altura y una estructura productiva basada principalmente en pequeñas parcelas construyeron durante décadas la identidad internacional del café boliviano.
Pero el dato relevante ya no está solamente en cuánto produce La Paz, sino en lo que comienza a ocurrir fuera de su núcleo tradicional. Distintas regiones están incorporando el café como alternativa agrícola y algunas orientan sus proyectos hacia arábicas, producción orgánica, sistemas agroforestales y cafés de especialidad, segmentos donde la escala no necesariamente constituye el único factor para competir.
Santa Cruz es uno de los casos que mejor refleja esa transformación. En 2013 registraba unas 498,5 hectáreas de café y una producción de 273,2 toneladas. Para 2021, la superficie había aumentado a aproximadamente 700 hectáreas y la cosecha alcanzaba 500,4 toneladas. El rendimiento también avanzó en ese período, desde 669 hasta 715 kilos por hectárea.
La actividad se fue extendiendo en áreas próximas al Parque Nacional Amboró, con presencia en Yapacaní, San Carlos, Buena Vista, Porongo, El Torno, Samaipata y Mairana. Un relevamiento presentado en 2024 identificó, además, 1.213 hectáreas destinadas al café solamente en la provincia Ichilo, mostrando que la expansión no responde a una única localidad.
En abril de 2026, datos de organizaciones de productores situaron en torno a 1.300 las familias vinculadas con la caficultura cruceña y en más de 1.000 las hectáreas cultivadas en el departamento. Parte de esta nueva producción busca diferenciarse mediante sistemas agroforestales y cafés especiales, con experiencias que abarcan desde la generación de plantines hasta el manejo técnico y la comercialización.
Cochabamba representa otro polo fuera de La Paz. En municipios del trópico como Villa Tunari, Shinahota, Chimoré, Puerto Villarroel y Entre Ríos se desarrollaron experiencias que involucraban a más de 600 familias sobre unas 300 hectáreas, junto con iniciativas orientadas a mejorar calidad, procesamiento y posicionamiento comercial.
La expansión territorial enfrenta, sin embargo, limitaciones productivas. Asistencia técnica, fertilización, disponibilidad de agua, sequía y presión de plagas aparecen entre los desafíos señalados en las nuevas regiones. Para zonas que todavía están construyendo escala y conocimiento técnico, mejorar los rendimientos será determinante para transformar el crecimiento de superficie en una actividad económicamente sostenible.
El comercio exterior muestra otra cara de la evolución del sector. Bolivia exportó durante 2024 casi 2.500 toneladas de café por más de US$15 millones. En 2025, el volumen descendió a 2.169 toneladas, pero los ingresos aumentaron hasta superar US$17 millones, según datos del IBCE basados en estadísticas oficiales.
La comparación resulta significativa: Bolivia colocó menos toneladas, pero obtuvo más dólares por sus ventas internacionales. El 99,3% de las exportaciones correspondió a café sin tostar y sin descafeinar, mientras los embarques alcanzaron un total de 28 países, confirmando una presencia comercial diversificada pese al reducido tamaño de la oferta boliviana frente a los grandes productores mundiales.
Estados Unidos encabezó los destinos y concentró 31% de las exportaciones bolivianas de café durante 2025. Bélgica ocupó el segundo lugar con 17% y Francia el tercero con 13%. Europa y Norteamérica constituyen así mercados relevantes para un origen que busca posicionarse principalmente por atributos asociados con calidad y características diferenciadas.
La producción orgánica también tiene presencia, especialmente en las zonas tradicionales de La Paz, aunque las estadísticas de comercio exterior disponibles no permiten establecer qué porcentaje exacto de las exportaciones corresponde a café certificado como orgánico. Por eso, su importancia debe analizarse como parte del perfil productivo de determinadas regiones y no como una proporción comprobada de todos los embarques.
La nueva geografía cafetera boliviana todavía está lejos de modificar el liderazgo de La Paz, que concentra la enorme mayoría de las hectáreas y prácticamente todo el valor exportado. Sin embargo, Santa Cruz ya supera las 1.000 hectáreas y suma alrededor de 1.300 familias a la actividad, mientras otras regiones ensayan modelos propios. Para un país que exportó más de US$17 millones en 2025, el próximo desafío será convertir esa diversificación territorial en mayor producción, productividad y valor comercial.






