Los bioinsumos encontraron su mayor desafío fuera del laboratorio

Advirtieron que la adopción real dependerá menos del desarrollo científico y más de la capacidad de convertir esas soluciones en negocios escalables para el productor


amanecer rural

El crecimiento de los bioinsumos abrió una nueva etapa para el agro, con startups, empresas de base tecnológica y compañías tradicionales compitiendo por un mercado en expansión. Pero, en el campo, la validación definitiva ya no pasa solo por la innovación, sino por la confianza, la rentabilidad y la llegada efectiva al lote.

A pesar de que en la Argentina su base histórica está en los inoculantes para leguminosas, especialmente soja, en los últimos años el sector ganó impulso. Con nuevas normas del Senasa, registros específicos para productos de desarrollo industrial y biopreparados, y una agenda pública orientada a ordenar su uso en la producción agropecuaria.

Ese proceso también estuvo acompañado por desarrollos del INTA, ensayos aplicados y la reactivación del Comité Asesor en Bioinsumos de Uso Agropecuario, que busca aportar criterios técnicos y regulatorios para su crecimiento. Sin embargo, todavía no existe una estadística oficial que mida la adopción por hectáreas, cultivos o productores, por lo que el gran desafío sigue siendo transformar la validación científica y normativa en una incorporación real, medible y rentable dentro de los sistemas productivos.


De acuerdo con un informe elaborado por la Universidad Austral, el mercado de los bioinsumos atraviesa un crecimiento acelerado y sin precedentes. Sin embargo, detrás del entusiasmo técnico e institucional, la realidad productiva marca un límite concreto. El verdadero cuello de botella de esta evolución aparece en la capacidad de llevar esas innovaciones al mercado agropecuario de manera consistente, rentable y comprensible para el productor.

En este sentido, el director Académico del Programa de Bioinsumos de la Universidad Austral y presidente de Agro Advance Technology, Juan Pablo Brichta afirmó: "El principal desafío de los bioinsumos ya no es descubrir nuevos microorganismos, sino transformar ese conocimiento científico en soluciones comerciales escalables y consistentes".

Y agregó: "Un microorganismo que funciona en laboratorio debe demostrar resultados repetibles en diferentes ambientes, cultivos y condiciones productivas. Para lograrlo, es necesario superar barreras de formulación, estabilidad, producción industrial, logística y vida útil".


Otra forma de vender

Para que el ecosistema de los biológicos se consolide en el mediano y largo plazo, la comercialización deberá asumir una lógica diferente a la de los insumos tradicionales. Esto se debe a que se trata de productos vivos o derivados, que requieren otro abordaje en logística, almacenamiento, aplicación en el lote y evaluación de resultados.

El desafío mayor aparece en la denominada "última milla", cuando el distribuidor, el asesor técnico o el responsable comercial debe traducir la complejidad biológica en una propuesta de valor clara para el productor. En ese punto, no alcanza con explicar propiedades técnicas o mecanismos bioquímicos, sino que el productor necesita saber qué problema productivo o económico resuelve la tecnología, cómo se integra en su esquema de manejo frente al estrés o la nutrición, y de qué manera la performance agronómica se convierte en retorno de la inversión.

Al respecto, Brichta sostuvo: "La comercialización de bioinsumos implica un cambio profundo respecto del modelo tradicional de venta de agroquímicos. Mientras que históricamente se comercializaban productos con una recomendación relativamente estandarizada, los bioinsumos requieren una lógica centrada en la venta de soluciones agronómicas". Y explicó: "Su desempeño depende del ambiente, el cultivo, el manejo, la nutrición y las condiciones del suelo, por lo que el valor no está únicamente en el producto, sino en cómo se integra dentro del sistema productivo".

Confianza, evidencia y rentabilidad

En ese nuevo escenario, la venta consultiva gana protagonismo. Al respecto, el referente agregó que "resulta fundamental generar confianza en el productor a partir de evidencia agronómica y económica sólida. La disponibilidad de financiamiento para escalar los desarrollos y la existencia de marcos regulatorios adecuados son factores clave para el crecimiento del sector".

Y agregó: "Además, los bioinsumos deben integrarse de manera eficiente a sistemas productivos complejos y competir con tecnologías químicas ampliamente establecidas". En la práctica, esto implica que las empresas ya no solo deberán distribuir productos, sino también acompañar la implementación, capacitar, medir resultados y demostrar beneficios económicos concretos.

En este contexto, el asesoramiento y el seguimiento empiezan a tener tanto peso como la propia tecnología. Al respecto, Brichta explica que "las empresas deben brindar mayor soporte técnico, generar evidencia local, acompañar al productor en la implementación y demostrar resultados económicos concretos".

La era de los bioinsumos ya comenzó, pero su impacto dependerá de que la ciencia logre transformarse en valor concreto para el productor. En esa brecha entre laboratorio, canal comercial y lote se jugará buena parte de la adopción real de las tecnologías biológicas en el agro argentino. 



Fuente: Agritotal







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